martes, 5 de febrero de 2013

¡AYUDA!

Hola chicos, vereis, necesito vuestra ayuda. Estoy participando en un concurso para ganar una entrada para el concierto de One Direction en Madrid. La primera fase consiste en hacer algo CASERO (postres, pulseras...), algo que haya hecho yo. Tiene que ser muy original.
Significaria muchisimo para mi el pasar a la siguiente fase, ya que estare un pocito mas cerca de cumplir mi sueño.
Por eso os pido ayuda. Os agradeceria muchisimo que me dierais alguna idea. Cuanto mas originales, mejor.
Comentad. Por favor. Ayudadme a cumplir mi sueño.
El concurso esta ya cerrado y no puede entrar nadie mas al concurso, por si alguien queria participar.
Mil gracias.

sábado, 19 de enero de 2013

Capitulo 10.

-Peeta... ¡Peeta! ¡Peeta por favor despierta!
La gente empieza a congregarse a mi alrededor. No puedo parar de gritar y llorar, no se que hacer.
-¡Que alguien llame a una ambulancia! -grito.
Un hombre se acerca a mí y me levanta.
-Tranquilízate, la ambulancia está de camino -intentó calmarme.
-¡No puedo tranquilizarme! ¡Peeta! -vi que un par de personas se acercaban a él- ¡No le toquéis!
Volví corriendo hacia él y le cogí la mano. Le aparté el pelo rubio de la cara; parecía que estaba dormido.
-No me dejes.... Peeta, no me dejes por favor.
La ambulancia llegó dos minutos después. Tuve que soltarle para que le atendieran. Vi que le subían en la camilla y empezaban a ponerle cables. Un médico se acercó a mí y me ayudó a subir a la ambulancia con él. Empezó a mirarme la tensión y a ver si yo había sufrido algún daño. No, yo estaba bien, era él el que necesitaba ayuda.
Podía ver como le soltaban descargas para reanimarle, sin ningún efecto. Cuatro descargas después abrió los ojos. Abrió su mano y la agarré con fuerza. Hablaba con una voz muy débil; tenía miedo de que no pudiers conseguirlo, de que me dejara aquí sola.
-Annie... -susurró.
Le apreté aún más la mano, y él volvió a desmayarse.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Capitulo 9.

-Mamá, me voy, he quedado con Peeta para ir al cine.
-Vale hija, pero no vuelvas tarde, que esta noche salgo -me dice mi madre.
-¿Sales? -le digo con una sonrisa -. Eso es... Maravilloso. ¿Con quién?
-Voy a ir a cenar con Jose, ese hombre que trabaja en el restaurante de la plaza. Estuvimos hablando el otro día y es una persona muy agradable -me cuenta.
-Aish mamá, me alegro muchísimo, es genial que encuentres a alguien con el que te apetezca salir -le doy un abrazo -. No volveré tarde, lo prometo.
Salgo de casa y me dirijo a la plaza. Estaba feliz. Cuando llego Peeta ya está allí.
-Hola preciosa, ¿qué tal estas? -pregunta después de darme un beso.
-Estoy super feliz. Mi madre... Parece otra persona. En solo dos meses ya esta casi recuperada. Hoy ha quedado con un chico para cenar. Es... Perfecto -le cuento sonriente.
-¿Ves? Te lo dije. Las cosas podría volver a ser como antes.
Entramos al cine y vamos a comprar las entradas. Peeta insiste en pagar, y no tengo más remedio que aceptar; cuando quiere es un cabezota. Nos dirigimos al puesto de palomitas y compro una caja grande y dos bebidas. Después vamos a la sala 12, al fondo a la derecha. Nos sentamos y charlamos hasta que empieza la película; Alicia en el país de las maravillas. Peeta me coge de la mano y yo apoyo la cabeza en su hombro. Le quiero. No pienso separarme nunca de él.
Acaba la película, y decidimos ir a cenar.
-Que guapa era Alicia ¿no? -le digo.
-A mi me pareces más guapa tú -me besa.
-Mira que eres tonto -le sonrío.
Nos vamos a tomar una pizza, y se nos pasa el tiempo volando.
-Ya es tarde, debería irme -digo después de mirar el reloj -. Mi madre se irá pronto.
-De acuerdo, vámonos entonces. ¿Cogemos un taxi? -pregunta.
-No, mejor vamos dando un paseo, hace muy buena tarde.
Andamos de la mano hacia mi casa. Nos paramos en un semáforo y cruzamos. De repente oigo un ruido muy fuerte, y un coche que derrapa y acelera. Lo veo aparecer de lejos. No tengo tiempo de reaccionar. Peeta me empuja fuera de la carretera y caigo al suelo. Me giro y grito, e inmediatamente, Peeta sale despedido por los aires.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Capitulo 8.

Lunes. Me espera una larga semana. Voy al colegio feliz. Siento que ha llegado a mi vida un soplo de aire fresco.
-Buenos días -me saluda Verónica -. ¿Y esa sonrisa?
-La vida es muy bonita. Hay que vivir feliz.
-Vale... Que rarita estás hoy -se ríe.
-En realidad es por un chico -le confieso.
-¿Un chico? ¿Tiene algún amigo?
-No lo se, le preguntaré -le respondí entre risas -. Vamos, o llegaremos tarde a clase.
El día se me hace eterno, pero por fin llega la hora de salir. He quedado con Peeta para comer. Cuando llego al McDonald donde comeremos él ya ha llegado. Está guapísimo.
-Hola preciosa -me da una flor.
-Hola -le sonrío. Menudo detallazo ha tenido con la flor -. ¿Entramos?
Nos sentamos en una mesa apartada.
-¿Qué tal todo? La verdad, se muy poco sobre tí -me dice.
-Pues bueno, la verdad es que estos últimos meses no han sido los mejores de mi vida. Mi padré murió hace poco y mi madre está en depresión, por lo que no puede ocuparse de nosotras. Soy yo la que se encarga de cuidar de mi hermana y llevar el dinero a casa.
-Vaya, lo siento muchísimo... -me responde. Está claro que no se lo esperaba -. ¿No piensas hacer nada con tu madre? Deberías ayudarla.
-¿Qué puedo hacer?
-Llama a un médico para que vaya a tu casa a verla. Es un comienzo.
-Tienes razón. Lo haré. Pero mejor cambiamos de tema. Háblame de tí -le digo.
-Pues veamos... Me llamo Peeta Mellark. Tengo 18 años. Me encanta trabajar en la panadería, y me gusta muchísimo pintar. Mi color favorito es el naranja, pero no un naranja fuerte, más bien como el del atardecer. Mi flor favorita es la prímula, y estoy enamorado de una chica increíble.
Me puse roja.
-Vaya, cuanta información -le dije sonrojada.
-Tampoco es para tanto.
Seguimos charlando, y cuando acabamos de comer nos vamos a trabajar. Peeta habla con su tío del tema de mi madre, y este le recomienda un médico que siempre le ha tratado. Me alegro de haberle conocido. Se nota que es especial, y tiene mucho interés en ayudarme. Tal vez lo que me hacía falta era eso, alguien que se preocupara por mí. Alguien que me ayudara a volver a empezar.

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Las semanas siguientes las recuerdo como las más felices de mi vida. Peeta y yo pasamos mucho tiempo juntos. Salíamos con Rose a pasear, y le enseñamos a hacer galletas. A mi madre la trataba un médico, y poco a poco fue volviendo con nosotros. Solo salía para comprar y para ir al psicólogo que le había dicho su doctor, pero se encargaba de hacer las cosas de la casa, y sobre todo, volvió a ocuparse de Rose. Finalmente lo superó, e incluso salía con sus amigas de vez en cuando. Me quité un gran peso de encima. Todas habíamos vuelto a ser felices.
Pero esa felicidad no duraría mucho tiempo.

martes, 10 de julio de 2012

Capitulo 7.

Paseamos por el parque tranquilamente, observando a los niños que van de aquí para allá.
-Es un bonito sitio.
-Si, la verdad es que sí.
-¿Qué te apetece hacer? -me pregunta. -Podemos coger una barca en el lago, o patinar, o...
-Yo había pensado en... ¡una carrera! ¡Gana quien llegue a lo alto de la colina primero! -le digo mientras empiezo a correr.
Le oigo reirse y empieza a correr detrás de mí. Como veo que me está alcanzando me saco las llaves de casa del bolsillo y las tiro al suelo. Sigo corriendo mientras él se para a recogerlas. Llego arriba y le espero.
-¡He ganado! ¡He ganado!
-Sí, y se te ha caído esto -me dice enseñandome las llaves.
-Lo se -le sonrío.
-¡Las has tirado aposta! ¡Eso es trampa! -dice divertido.
-¿Yo? ¡Qué va! -intento parecer indignada.
-Entonces no he perdido.
-Pero tampoco has ganado.
-Pero yo tengo esto -dice mientras aparta las llaves de mí.
-¡Dámelas! -le digo, e intento cogerlas.
Cuando me hacerco para coger las llaves se acerca a mí y me besa. Me aparto rápidamente.
-Las llaves -le digo con cara de enfado.
Me las da y me alejo hacia un banco. Le veo acercarse y se sienta a mi lado.
-Lo siento, de verdad -se disculpa -. No he podido resistirme.
-¿Sabes? Ha sido el peor beso que me han dado nunca.
-¿De verdad? -parece decepcionado.
-Sí. Si quieres impresionar a una chica tienes que seguir unas normas básicas. Mira -le ofrezco la mano -. Cógeme la mano. Primero, besas la mano -le digo. Se acerca despacio y besa mi mano muy suavemente -. Perfecto. Y entonces, besas a la chica.
Se acerca a mí y me besa. Sus labios son suaves y dulces. Siento que el tiempo se para a nuestro alrededor. Nos separamos y le sonrío.
-¿Ves? Así está mucho mejor.
Nos quedamos sentados en el banco viendo la puesta de sol.
-Me encanta esto. Los colores, los sonidos, el naranja del atardecer... es precioso.
-Sí, es muy bonito, pero a mí me gusta más el color azul del cielo al anochecer -le sonrío -. Debería irme ya a casa. Me lo he pasado muy bien.
-Claro, ya es tarde -se agacha y coge una flor. Es un diente de león -. Toma, para tí.
-Muchas gracias, me encanta -le doy un último beso.
-Hasta mañana, preciosa.
-Hasta mañana, mi chico del pan.

Capitulo 6.

A la mañana siguiente me levanto y voy corriendo a la panadería. Cuando entro no puedo evitar mirar las tartas. Me fijo especialmente en una pequeña tarta que parece de nata sin más decoración que una bonita flor roja y algún tirabuzón de chocolate.
-¿Te gusta? -preguntan a mi espalda.
-Sí, es... perfecta.
-La he hecho yo. Es una de mis favoritas. Esa flor es una prímula, mi flor favorita -me cuenta Peeta.
-No me gustaría que nadie la comprara. Eso significaría que se la van a comer, y, por lo tanto, que no la volveré a ver.
-Jajaja -se ríe. -Siempre puedo hacer otra.
-Cierto -le sonrío. -¿Vamos?
-Claro -me contesta.
Nos vamos a la cocina y veo que han dejado un papel con mi nombre. Es mi horario. Tengo que trabajar los viernes y lunes por las tardes, y sábados y domingos por la mañana. No está mal.
-¿A ver? -me dice Peeta mientras me quita el papel. -¡Anda! ¡Tenemos el mismo horario! -dice con un brillo en los ojos.
-Eso parece. Venga, vamos a trabajar.
Nos ponemos manos a la obra, y en pocos minutos podemos comprobar que soy una patosa.
-¡Que haces! Si amasas tan fuerte la masa no quedará bien -me dice mientras se hacerca a mí y me rodea con los brazos. -Tienes que hacerlo así, suavemente, para que tenga la textura perfecta.
Giro un poco la cabeza y le miro. Nos quedamos ahí, mirándonos, como si no existiera nada a nuestro alrededor. Me giro de repente.
-Eeem, vale ya se como hacerlo. Como no vigiles el horno se te van a quemar las galletas.
-Cierto... -se aleja de mi.
No hablamos mucho hasta que llega el panadero.
-¿Qué tal el primer día? -me pregunta.
-Muy bien, Peeta me ha enseñado a amasar -le contesto inocentemente. Le miro y me ruborizo ligeramente.
-Sí, es una patosa -dice Peeta con una sonrisa. -Si no hubiera intervenido la habríamos perdido -añade dramáticamente.
-Bueno, me alegro de que os manejéis bien juntos. Yo me voy a la caja.
Nos quedamos solos otra vez y de repente empezamos a reírnos como dos tontos. Me gusta este chico. Es diferente a todos los que he conocido.
-Annie, he estado pensando en si te gustaría venir esta tarde a dar un paseo por el parque, cuando salgamos de aquí.
Me lo pienso unos momentos, como haciéndome la dura.
-Me encantaría -le respondo finalmente.
Me dedica una sonrisa antes de volver con su trabajo.

domingo, 8 de julio de 2012

Capitulo 5.

Me arreglo y salgo de casa. Tengo que causar buena impresión si quiero conseguir un trabajo. He pensado en ir a la pizzería, a algún restaurante y a tiendas de ropa para pedir trabajo.
Cuando llego a la pizzería y pregunto por el jefe, me dicen que ahora no necesitan a nadie. Primera opción: rechazada. Una calle después de la pizzería hay una pequeña tienda de ropa; me dicen que no soy lo que andan buscando. Voy a varios restaurantes; en uno no me cogen por mi esscasa experienza laboral, en otro porque ''no tienen el puesto adecuado para mí'' y otro lo rechazo yo, ya que los empleados me daban mala impresión.
Menuda mala suerte que tengo. No hay nada para mí. ''En unas malas puedo trabajar dando clases a domicilio, o cuidando niños'', pienso, aunque la idea no me gusta mucho. Mañana buscaré fuera del barrio.
Antes de ir a casa paso por la panadería para comprar el pan de la comida. Cuando llego veo que en el escaparate hay varias tartas muy bonitas. Encima de las tartas, pegado en el cristal, hay un cartel que me llama la atención:
''SE NECESITA EMPLEADO''
Me da un vuelco el corazón. No es la clase de trabajo que tenía en mente, pero es un trabajo. Entro en la tienda y me acerco al mostrador. El aire huele a pasteles y galletas. Me quedaría oliéndolo toda la vida. No hay nadie, así que me paseo por la tienda admirando las tartas, que están por todas partes. Son preciosas. Algún día compraré una, a Rose le encantaría. De repente una voz  a mis espaldas me sobresalta.
-¿Querías algo? -es el panadero, que acaba de entrar por la puerta de atrás.
-Sí, verá, vengo por lo del trabajo. Me gustaría mucho trabajar aquí.
-¿Sabes hacer pan, tartas, galletas... algo? -me pregunta.
-Bueno, se hacer galletas, y siempre puedo aprender.
-Está bien, te pondré en período de prueba. De todas maneras siempre te puedes ocupar de la caja.
El corazón me va a cien por hora. ¡He conseguido el trabajo!
-Hablemos de dinero. ¿Qué te parecen 800 euros al mes? -me pregunta.
-¡Perfecto! -le contesto entusiasmada. Es mucho más de lo que habría imaginado.
-Bien, ven conmigo, voy a presentarte a tu compañero -dice, y se va hacia la puerta de atrás.
Lo sigo hasta la cocina, y allí me encuentro un chico de espaldas; se perfectamente quién es.
-¡Peeta! -digo sorprendida.
¡Annie! ¿Qué haces aquí? -me pregunta.
-¿Os conocéis? -pregunta el panadero. -Va a trabajar contigo. Tendrás que enseñarle algunas cosas, pero creo que lo hará bien. Aprovecha ahora que no tenemos clientes para enseñarle todo esto ¿de acuerdo? Bueno, yo me voy. Empiezas mañana a las ocho. Mucha suerte. -dicho esto sale de la habitación y me quedo a solas con él. Se forma un silencio incómodo.
-Emmm, bueno, desde cuándo trabajas aquí? -le pregunto.
-Desde que cumplí los dieciséis. El panadero es mi tío. -contesta.
-Aww, ¿en serio?
-Sí. Bueno, ven, te enseñaré esto.
Recorremos todas las salas de la panadería, desde el recibidor, hasta la despensa. Peeta es un chico muy agradable, y el tiempo se me pasa volando. Es por eso que cuando miro el reloj, me doy cuenta de que es realmente tarde.
-Debería irme. -le digo. -Mi madre estará preocupada.
-Claro, tienes razón. Me alegro de tenerte en el equipo. -me dice con una sonrisa. -Nos vemos mañana.
Vuelvo a mi casa extrañamente feliz, deseando empezar a trabajar.